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MALDITOS TONTOS.!!!!!


La mayor preocupación en los medios esta semana en relación con el escándalo desatado tras conocerse que la empresa Cambridge Analytica había burlado la seguridad de Facebook, no se centraba tanto en las 50 millones de cuentas que fueron vulneradas ni tampoco en los dueños de esas cuentas, quienes quizá nunca sabrán que sus likes sirvieron al triunfo de Trump. El punto, en cambio, se centró en la confianza. De ella dependen las empresas que cotizan en bolsa. Fue por eso que Zuckerberg dio tan rápidamente la cara: "Cometimos errores y los tenemos que arreglar"; palabras que han bastado para evitar una desbandada de usuarios y, de paso, frenar la caída bursátil.

Queda por resolver el tema político, pues desde hace dos años Facebook viene enfrentando problemas en su sistema de seguridad. El primero fue la trama rusa en las elecciones de 2016. Los rusos pusieron a circular bulos y noticias falsas a través de esta red, una propaganda que llegó a unas 126 millones de personas. En aquel momento, como hizo esta semana, Zuckerberg recurrió a lo que siempre le ha funcionado para lavar su imagen: la autocrítica. Señalar en público un defecto propio nos muestra vulnerables. Esa vulnerabilidad genera confianza, pues de inmediato pensamos: “Es tan humano como lo soy yo y, como yo, está haciendo todo por superarse”.
Aquella vez, Zuckerberg lo hizo a través de un manifiesto dirigido al personal de su empresa en el que se preguntaba: “¿Estamos construyendo el mundo que queremos?”, dejando entrever que la respuesta es “no”. Llama la atención su habilidad para caer siempre de pie. Como si tuviera teflón, ha salido airoso de todos los escollos que su empresa ha enfrentado.
La confianza de Facebook pende de un hilo y, aun así, sus números siguen creciendo. Hace unos años, por ejemplo, se filtraron unos mensajes en los que Zuckerberg llamaba TONTOS  a los usuarios de su red, es decir a nosotros, a quienes tenemos cuenta en esta red. Chateando con un amigo en 2010, le dijo: “Tengo 40.000 correos electrónicos, fotos, direcciones”. El amigo le preguntó cómo los consiguió y él le contestó: “La gente lo envió porque confía en mí. Son unos malditos TONTOS”.
El asunto no es qué hace Facebook con la información que tiene de cada uno de nosotros, la cual no dice tanto de quién en realidad somos sino de cómo nos mostramos: parecer o no parecer, esa es la cuestión en las redes sociales. El asunto es más bien, entonces, la manipulación política de las estadísticas: de qué manera los políticos se valen de los números, en este caso de las cuentas robadas, para inflar sus expectativas.

El ser humano es gregario y se suma con facilidad a los demás. De este rasgo se valen las campañas publicitarias, incluidas las de los políticos, para enviar información directa a nuestros muros de Facebook. Muchos ni siquiera miramos esa publicidad, pero en tiempos electorales hay quienes les dan importancia solo a los números. De hecho, para eso son las encuestas: no para cuantificar la intención de voto sino para enviar el mensaje de cuál es el “ganador” al que hay que sumarse. Es cuando aparecen los malditos TONTOS , esos que se suman sin pensar a quienes Cambridge Analytica condujo al voto de Trump a través de la autopista de Facebook.

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