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EL TURISMO Y LA CULTURA

El Turismo y La Cultura.                                                       

Un punto de partida fundamental para la construcción de lo que llamamos turismo cultural, es el hecho que la cultura, independientemente de cómo se interprete, es anterior a las estructuras económicas o políticas.
La incorporación del tema cultural no como factor o área específica de la vida social dedicada exclusivamente a los asuntos patrimoniales o artísticos, sino constitutivo del ser, del devenir histórico de los pueblos debe, en principio asumirse como asunto de interés público y político que haga del recurso cultural un catalizador de los procesos de desarrollo.



Turismo y cultura son interdependientes, lo cual reclama una ubicación equilibrada en la cual el turismo no sea percibido como la panacea a los problemas del subdesarrollo y tampoco como amenaza destructora que pone en peligro el patrimonio y la identidad de los pueblos.
La cultura es el contexto general en que se desarrolla la actividad turística, en cualquier clase de turismo que se realiza siempre hay un tipo de contacto con la cultura receptora, contacto que se incrementa a medida que el patrimonio, las costumbres y las actividades de las comunidades rurales y urbanas se asumen como recurso para el despliegue de actividades turísticas.

La cultura otorga entonces, un valor agregado al producto turístico y lo convierte en una industria cultural en la cual libros, revistas, espectáculos de luz y sonido, videos reinventan los paisajes culturales.
Lo anterior, hace que la cultura, los bienes muebles e inmuebles, usos y costumbres, gastronomía, ritos y la vida cotidiana, se perfilan como activos que pueden contribuir al desarrollo socioeconómico de comunidades, empresas o individuos; esto aporta elementos para la distinción que se hace de la cultura como un medio (recurso para mejorar las condiciones de vida) pero también como un fin en sí mismo, en el sentido que los actos humanos nos identifican, nos otorgan sentido tanto individual como colectivo.

En ese sentido, las políticas públicas, en especial, las culturales, medio ambientales y de ordenamiento territorial juegan un papel crucial  como  elementos reguladores frente a la organización turística del espacio que tiende a transformar el significado y uso social de los lugares.
Uruguay tiene que realizar importantes esfuerzos conceptuales para extrapolar los criterios de sostenibilidad ambiental a la sostenibilidad cultural apelando a valores equivalentes en ambas estrategias de desarrollo.

En un segundo momento subrayó la naturaleza de los bienes culturales, en especial  los de carácter inmaterial para evidenciar esos valores potenciales que pueden ser asumidos como activos productivos para el desarrollo del turismo cultural; de tal suerte que, podamos identificar algunos componentes para desarrollar el capital cultural de nuestro Uruguay que presenta diferentes niveles de desarrollo que es necesario considerar y matizar a la hora de definir líneas de cooperación  en estos temas.
El punto de partida conceptual es importante para respondernos a la pregunta de que estamos hablando cuando hablamos de turismo cultural y central para ubicar la naturaleza de las políticas, estrategias de desarrollo y papel de la cooperación internacional.

Cultura
El concepto de cultura del cual partimos es aquel que asume lo cultural como el proceso histórico de la constante interrelación de los individuos y comunidades consigo mismo y su entorno. Estas interrelaciones expresan una sociedad concreta, su sistema de valores, estructuras sociales, producción de la vida material y simbólica.

Política Cultural
Entre las definiciones ya clásicas de la política cultural podemos citar las siguientes que se complementan:
Se puede  concebir  la política cultural como el conjunto de acciones que realizan diversos agentes para orientar el desarrollo simbólico, satisfacer las necesidades culturales y obtener consenso o disenso sobre un tipo de orden social. Una política cultural no puede ser formulada por un solo agente, así sea éste  el mercado o el Estado o la comunidad autogestionaria.
También  en forma sintética consideramos  que son las oportunidades para actuar en un circuito cultural (producción, circulación y consumo de bienes culturales). Los componentes de este circuito cultural son básicamente cinco. Agentes habituales, medios de producción, medios de circulación, públicos y organizaciones .

Desarrollo sostenible
Una manera seria definirlo como “el proceso que permite que se produzca el desarrollo sin deteriorar o agotar los recursos que lo hacen posible. Este objetivo se logra, generalmente gestionando los recursos de forma que se puedan renovar al mismo ritmo que se emplean, o pasando del uso de un recurso que se genera lentamente a otro que lo hace un ritmo más rápido. De esta forma los recursos podrán seguir manteniendo a las generaciones presentes y futuras”.

Turismo Cultural y Sostenible
Sería “un modelo de desarrollo económico concebido para mejorar la calidad de vida de la comunidad receptora, para facilitar al visitante una experiencia de alta calidad y mantener la calidad del medio ambiente, del que tanto la comunidad anfitriona como los visitantes dependen”.
El Turismo Cultural es un concepto innovador, eminentemente ético, con el que se busca favorecer la paz, la comprensión entre los pueblos y el respeto por el patrimonio cultural y natural y las especificidades identitarias de las comunidades anfitrionas en el marco de los intercambios que se dan al viajar. Desde esta perspectiva, es importante que el turismo se ponga al servicio del bienestar de las poblaciones y contribuya a preservar sus recursos culturales, naturales y se asegure la calidad humana.

El concepto de capital cultural, forjado en los estudios de economía, ha sido utilizado con rigor en el campo de la sociología y en los recientes estudios culturales que enfatizan sus dos formas de presentación: material e inmaterial.
A su vez, la estructura de distribución del capital económico entre los diferentes segmentos de un país y la distribución y acceso de ese capital, lleva a la distinción entre capital cultural de producción y capital cultural de consumo.

El capital cultural es tangible en forma de monumentos, sitios, conjuntos históricos, bienes muebles como pinturas, esculturas, etc. Intangible cuando nos referimos a usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas, junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que le son inherentes, que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural.

Se ha avanzado bastante en la reconocida y valiosa labor de proteger el patrimonio mediante medidas de conservación, reglamentación  o de resguardo en museos; sin embargo se hace patente cada día la necesidad de recrear los significados del patrimonio, a veces a partir del legado histórico y a veces como nueva creación frente a otras condiciones de vida. De ahí el énfasis reciente en el patrimonio vivo, o el patrimonio inmaterial como sustento de la diversidad cultural y como recurso para el turismo.

Pese a lo anterior mantenemos una deuda con el pleno reconocimiento de la dimensión económica del patrimonio cultural y para ello nos parece útil introducir en el debate el concepto de capital cultural como clave para distinguir la noción de capital cultural de activo económico.

Del uso indiscriminado de ambas nociones, se deriva otra de las tensiones presentes en la naturaleza de la gestión del patrimonio por parte de las instituciones turísticas y de las culturales;  las primeras se inclinan por el desarrollo del recurso natural y cultural como producto que requiere estrategias de mercado para su promoción y usufructo y la segunda más orientadas a la conservación e investigación científica.

Ambas motivaciones son necesarias en el marco del turismo cultural
El concepto de capital cultural nos permite trazar un puente entre la cultura y la economía, no como dos esferas autónomas de la vida social, (en sentido estricto la economía y la política son expresiones culturales), sino como método para presentar los fenómenos culturales en sus aspectos esenciales (materiales e inmateriales)  de una manera comprensible tanto para el discurso económico como el discurso cultural.

Para encontrar puntos de encuentro entre los intereses culturales y los intereses económicos, es útil, la noción básica de creación de valor como resultado de un proceso de desarrollo que equilibra el acceso a los bienes y servicios materiales con las necesidades de expresión y reconocimiento, identidad y sentido de la vida  que manifiestan las comunidades creadoras y portadoras de un patrimonio que es necesario conservar.

Esas manifestaciones culturales adoptan en determinado momento el status de patrimonio y es aquí donde la reserva de valor, tanto social y económica para un pueblo o una nación, está en sus expresiones creativas y monumentales.
Capital cultural alude al conjunto de instrumentos de apropiación de los bienes simbólicos, en el plano individual un instrumento para la apropiación de estos bienes simbólicos es la alfabetización y la educación en general. Del lado de la producción, forma parte del capital cultural, los productos o equipamientos necesarios para crear ese bien simbólico, el lienzo para la pintura o el turismo para el patrimonio. De lo anterior podemos deducir que el turismo es una estrategia de apropiación de los sitios, monumentos o expresiones; no existen  recursos turísticos sino recursos naturales y/o culturales que el turismo como estrategia los visibiliza, los pone en valor.

Ahora, la puesta en valor del patrimonio requiere de identificaciones, de indicadores que den cuenta de la existencia de esas valoraciones significativas como activos en su doble naturaleza: económica y cultural y viabilizar así los flujos de capital, donde aparece la dinámica del turismo.

Otro desafío es que estrategia usar para la apropiación y puesta en valor del patrimonio colectivo en las actuales y  nuevas generaciones, como símbolos y huellas de identidad. Estos mecanismos de identificación social (identitarios) y económicos (productivos) deben traducirse en oportunidades de empleo y factor de cohesión social.

Además de ese extraordinario valor, desde hace mucho tiempo se ha reconocido en el patrimonio cultural su condición vulnerable.Por ello debemos trabajar todos los actores sociales a su fortalecimiento.




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