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La oposición.

Qué hace la oposición? ¿Cuál debe ser su discurso? Circulan muchas preguntas al respecto; si hubiese una posición clara, unos la aplaudirían, otros la criticarían pero no habría preguntas. Aclaro que la oposición a los efectos prácticos es el Partido Nacional.

Para opinar sobre lo que debe ser la postura de la oposición hay que empezar por tener claro qué es lo que pasa en el país. Omitiendo circunloquios, en el país se han instalado tres crisis: una crisis económica, una crisis política y una crisis institucional.
La crisis económica deriva del derrumbe de los precios internacionales de nuestros bienes exportables y del descalabro de los países vecinos. Implica menores ingresos en los agentes económicos y sus dependientes y menos recaudación para el estado (y sus dependientes). Como en el Uruguay la economía gira más en torno al estado que a los agentes económicos privados, la discusión del Presupuesto Nacional se ha convertido en una rebatiña desaforada. De allí sale la crisis política.
La crisis política se genera porque el gobierno perdió el sustento político de su partido, el Frente Amplio, y el de la filial sindical de este. El gobierno quedó sin el respaldo imprescindible para manejar con rigor las duras medidas que la crisis económica demanda. En el momento de abrirse la discusión parlamentaria del Presupuesto (que es el verdadero plan de gobierno), el Poder Ejecutivo no solamente ha quedado solo sino abiertamente desafiado por su propia base de sustentación política. El período de gobierno recién comienza, faltan tres años: esto constituye una crisis política seria.
En lo institucional también se ha abierto un problema. Las crisis institucionales rara vez se producen de golpe; generalmente son un proceso de desgaste: infidelidades crecientes y merma de la vergüenza. Grosso modo crisis institucional quiere decir que ya no manda quien está legitimado para hacerlo y empiezan a mandar otros en base a meter pechera. En estas situaciones las tensiones de la sociedad no se canalizan ni se zanjan dentro de los ámbitos institucionales sino afuera (sea en la calle, sea en los cuarteles, a los efectos es lo mismo).
Esta es la situación del país. ¿Qué debe hacer o decir la oposición? Las respuestas simples son dos: una es ponerse del lado del gobierno, la otra ponerse en contra. No. El país enfrenta una situación difícil que no esperaba; lo primero que debe hacer la oposición es concebir y difundir un discurso íntegro y minucioso para que la gente entienda lo que está pasando en los tres niveles mencionados. Debe ser un discurso para la gente, no para el gobierno.
Para la crisis económica un discurso de austeridad, de fortaleza para enfrentar la adversidad y, a la vez, de vigilancia estricta para que lo poco que hay no sea acaparado por los más fuertes o los que gritan más. Para la crisis política una reivindicación de los partidos políticos y del Parlamento, como agentes naturales unos y como ámbito privilegiado el otro, para encarar todos los problemas de la nación. Y para la crisis institucional el discurso que corresponde a los defensores de las leyes: estamos en contra de la horda y a favor del funcionamiento institucional al detalle. Si generar este discurso y difundirlo llevase dos años sería el tiempo justo que se necesita para llegar bien al momento en que se van a poder ofrecer soluciones.

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